En contraportada http://www.encontraportada.com ¿Qué hay de nuevo en la actualidad? Fri, 15 Jun 2012 18:17:06 +0000 en hourly 1 http://wordpress.org/?v=3.1.3 Escribir http://www.encontraportada.com/2012/06/escribir/ http://www.encontraportada.com/2012/06/escribir/#comments Fri, 15 Jun 2012 11:50:13 +0000 Héctor Juanatey http://www.encontraportada.com/?p=3213 ¿Qué es escribir? Ramón Lobo aún no lo sabe: «¿Un acto de sinceridad extrema o de soberbia disimulada? Tal vez consista solo en devolver lo leído, como Ray Bradbury: masticado, mezclado, creando mundos propios. O en vaciarse para uno mismo, sin exposiciones. Escribir es arrancarse, dañarse íntimamente. Escribir es un acto privado que hacemos público por ego, temeridad o ambas cosas». Chusé Izuel, aquel amigo de Félix Romeo, creía tenerlo seguro: «Cada vez estoy más convencido de que el acto de escribir, el verdadero y único acto de escribir, consiste en echar toda la puta mierda que llevas dentro. De hecho, no quiero ya oír hablar de creación ni de pijadas de esas. Ni creación, ni hostias. Y lo mismo en cualquier otra actividad. O te sale de las tripas o no vale una mierda. Así de claro». El propio Romeo escribió en su día aquellas razones que lo movían a, valga, escribir. Algunas: «porque tengo miedo, por fascinación, para ser feliz, para existir, para pedir perdón, porque me gusta, para perder el sentido, para follar, para respirar, para recordar, para recordarme, para esconder mi vergüenza, porque me da miedo el fuego”. Y de todas ellas, la que más me gusta: «Escribo para no tener que escribir». Cuando a Carlos Fuentes le preguntaron por qué escribía fue breve: «¿Por qué respiro?». A Enrique Vila-Matas la pregunta siempre le pareció «vieja y pérfida», pero aún así respondió con un texto, del que, sin venir a cuento, rescato el final: «Se me dirá que se trata de una utopía, pero sólo en el futuro todo es posible». Vuelve la utopía. Ítaca quedaba lejos hace tiempo.

Yo ahora escribo para no hablar con las paredes. Para que me lea. Escribo para imaginar, hasta inventar, lo que responde. Escribo para no decirlo en alto. Escribo para que, de algún modo, no parezca cierto lo que cuento. Escribo porque me sale. Porque para el Che, decía Galeano, la vida es darse y yo con esto siento que me doy. Escribo para pasar el rato, por no pensar y para dejar que transcurra el tiempo. Escribo para no engañarme. Para desengañarme. Para engañarme y para no desengañarme. Escribo para pisar sobre mojado. Escribo para mantener, y no, los pies sobre la tierra. Pero cómo hacerlo si esto empezó con el descubrimiento de Mercurio.

 

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Pisar sobre mojado http://www.encontraportada.com/2012/06/pisar-sobre-mojado/ http://www.encontraportada.com/2012/06/pisar-sobre-mojado/#comments Thu, 14 Jun 2012 13:53:24 +0000 Héctor Juanatey http://www.encontraportada.com/?p=3181 Escribe Ramón Lobo: «Memorias que determinan lo que soy y me recuerdan lo que quería ser de niño, la edad en la que se extravían las utopías». Yo no tanto de niño, pero sí de adolescente, comencé a coquetear con eso de las utopías. Me atraía esa idea de tratar de convertir los imposibles, si es que existen, en posibles. Nada me gustaba más que plantearme retos y probar a escalar sin arneses a la cima. Cierto es que las hostias eran supinas, pero el hecho de ir allanando el camino me otorgaba una cierta confianza. Creérselo era la clave, siempre y cuando los pies, o al menos la cabeza, no se alejaran mucho del suelo. Pero eran los tiempos de leer a Saint-Exupéry y de verse a uno mismo como el mayor exponente del romanticismo, sin llegar a entender muy bien qué significaba eso. Dejarse llevar era, la mayor parte de las veces, incontrolable. Me acerqué al anarquismo y leí en pocas noches la poesía de Lord Byron. Hoy leo a Enric González: «Llegada una cierta edad, hay quien comprueba que sus convicciones más firmes eran dudosas o erróneas, que ha dedicado un montón de tiempo a aprender casi nada y que, aunque la vida en general esté muy bien, funciona bastante mal. A estas alturas, me esfuerzo en ser uno de esos idiotas y en mantenerme alejado de los otros idiotas, los que ya lo saben todo y siempre tienen razón. Prefiero el desengaño al engaño. Prefiero ser inútil que peligroso. Prefiero no hacer el ridículo más de lo estrictamente necesario». Probablemente soy alguien que siempre ha hecho ridiculeces más de lo estrictamente necesario. Sabiéndolas ridiculeces y haciéndolas al fin y al cabo. Tanta historia y tanta tontería eran entonces los puntos de la orden diaria. Y aún hoy creo que sin ellas el guión habría sido austero, tirando a un estricto aburrimiento.

Con el paso del tiempo, recuerdas aquellas cosas con gracia, incluso con el estupor de verte tan lejano a todas aquellas convicciones. Siempre le di más importancia a las personas que al trabajo. Me gusta repetir, con la soberbia de un mal proverbio, que en la soledad se piensa en quién ha estado y está a tu lado. El trabajo te concede el hoy en día casi privilegio de comer y, curioso, hay personas por las que a veces no eres capaz de ingestar más que pensamientos en bucle. Ramón Lobo tiene otro texto en el que cuenta que a veces se le «extravían palabras, como si cayeran en un pozo». Nadie inventó aún las cadenas para deslizarse en determinadas situaciones, escribí un día. El asunto consiste en caminar, aunque sea descalzo. Y, con todo, sucede que en algunas ocasiones te extravías a ti mismo, no solo a tus palabras. Y la solución no son los diccionarios. Asumir errores es ir creando esas cadenas, no esperar que se construyan. Hay cimas, o metas, que son uno mismo: las más difíciles de alcanzar. No en vano, son quizás las más reconfortantes. Paul Valéry escribió: «El problema de nuestro tiempo es que el futuro ya no es lo que era». Su tiempo, es verdad, fue nuestro pasado. El futuro no es lo que era porque todavía no es. Cuando sea, será conmigo. El contigo, ahora lo sé, no es solo cosa mía aunque siga siendo una de esas cimas. Será como sea y sin cadenas, porque lo divertido es pisar sobre mojado.

 

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De tangos http://www.encontraportada.com/2012/06/de-tangos/ http://www.encontraportada.com/2012/06/de-tangos/#comments Sat, 09 Jun 2012 10:55:26 +0000 Héctor Juanatey http://www.encontraportada.com/?p=3174 Esta noche leí sobre tangos porque me imaginé contigo en Buenos Aires. Y pensé que para imaginarnos bien en Argentina debía saber algo de tangos. Quien escribe sobre tangos, sobre poética tanguera, es un bailarín, Ramiro Gigliotti. «Enamorados en tiempo de tango», se titula el texto. Empieza: «Las letras de los tangos hablan de la soledad, del lugar de pertenencia, de la identidad, de la muerte y —por supuesto— del amor. No son pocos quienes se apresuran a creer que los tangos solo están poblados por muchachos abandonados que llorisquean por la dama que los dejó; sin embargo, un análisis apenas ligero revela que en el tango se expresan situaciones que hablan del amor con una complejidad que trasciende el lamento córneo y sus pudorosas consecuencias». Gigliotti repasa así las obras de Manuel Romero, José María Contursi, José Canet, Luis César Amadori, Enrique Santos Discépolo, Celedonio Flores, Homero Manzi, Homero Expósito y Alfredo Le Pera. Pero yo al único que conocía un poco era a Carlos Gardel. Y después de todo no sé si me gusta el tango. A quien sí le gustaba el tango era a Ray Bradbury. Llegó a decir de Gardel que «fueiserá» el mejor cantor de tango de la historia. Bradbury aparece incluso en la letra de una canción de tango, que escribió en su día Horacio Ferrer. Dice: «Se rechifló el colectivo que tomé para tu casa / yo vi que el colectivero, por Sandiablo, bocinaba / raros tangos que Alfonsina con Ray Bradbury bailaba / sobre el capó en un tumulto de camelias y galaxias…». Ray Bradbury murió hace pocos días y la revista QUO publicó entonces una de las últimas entrevistas que había concedido. Hablaba sobre el futuro y le preguntaron cómo sería dentro de unos años el amor y la amistad. «No cambiará. Seguiremos siendo los mismos estúpidos románticos», respondió. Y sobre todo lo primero Ray, lo primero acompañando a lo segundo.

 

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Hay dos Calgary http://www.encontraportada.com/2012/05/hay-dos-calgary/ http://www.encontraportada.com/2012/05/hay-dos-calgary/#comments Tue, 29 May 2012 23:19:21 +0000 Héctor Juanatey http://www.encontraportada.com/?p=3163 Vernon hay dieciséis. Uno en Canadá, doce en Estados Unidos y tres en Francia. Justin Vernon, que yo conozca y que haya encontrado, uno. Buen invierno en francés es bon hiver. Buenos inviernos hubo, hay y habrá bastantes, o eso es algo que se espera. Y Vernon que haya llegado a Bon Iver a través de bon hiver, también hay uno. Calgary, aunque digan que es mentira, hay dos. Uno es el de Bon Iver y otro el de Antónia Font. El de Bon Iver es uno de sus primeros singles. El Calgary de Bon Iver es el de «teach our bodies», es el de la cara B de I Can’t Make You Love Me, que es en realidad de Bonnie Raitt. Es una versión, así que las dos I Can’t Make You Love Me son las de «morning will come, and I’ll do what’s right». El Calgary de Bon Iver es el de la cara B de I Can’t Make You Love Me, que es en realidad de Bonnie Raitt, y es también el de la cara B de Nick Of Time, de nuevo una canción de Bonnie Raitt. El Nick Of Time de «you opened up my heart again and then much to my surprise». Calgary hay dos. Uno es del de Bon Iver y otro el de Antónia Font, que es Joan, es Pau, es Pere, es Jaume y es Joan. Su Calgary es el Calgary del 88, el de los XV Juegos Olímpicos de Invierno. Es el Calgary de la pareja que baila «aquesta melodia moderna a una pista de gel». El de la «cançó per megafonia» que es Atlantis is calling (S.O.S. for love), de Modern Talking. El Atlantis is calling de «there’s a chance».

 

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Los lunes que son otro día http://www.encontraportada.com/2012/05/los-lunes-que-son-otro-dia/ http://www.encontraportada.com/2012/05/los-lunes-que-son-otro-dia/#comments Mon, 28 May 2012 21:21:18 +0000 Héctor Juanatey http://www.encontraportada.com/?p=3071 Vaya si me gustaban los lunes. Esos lunes en los que no lo hacíamos, nos hacía, que decía Cortázar. Esos principios de final de fiesta que duraron hasta que se aplicó una reforma estructural. Me gustaban los lunes. Los lunes en los que se bebían uvas aplastadas y los lunes en los que tú te vestías y yo siempre quería desvestirte. Me gustaban demasiado los lunes que no eran lunes, que eran final de semana. Los lunes que casi parecían viernes. Me gustaban y no es que ahora me parezcan mal, qué demonios, me siguen gustando los lunes. Los lunes que vuelven después de siete días de descanso. Y los que se quedan en viernes más. Y hacerlo o dejarnos hacer, pero que se haga. Me gustaban los lunes porque parecían días cualquiera. Me gustan los lunes que son viernes. Los lunes en los que tecleo lunes pero en realidad ocultan un viernes. Esos en los que tú te vistes y yo siempre quiero desvestirte.

 

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El mejor de los tiempos http://www.encontraportada.com/2012/05/el-mejor-de-los-tiempos/ http://www.encontraportada.com/2012/05/el-mejor-de-los-tiempos/#comments Sun, 27 May 2012 21:36:17 +0000 Héctor Juanatey http://www.encontraportada.com/?p=3144 Olga Rodríguez publica Yo muero hoy, un ensayo sobre las revueltas árabes. Leo en el prólogo un fragmento de la novela Historia de dos ciudades, de Charles Dickens: «Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, era la edad de la sabiduría, era la edad de la estupidez, era época de fe, era época de incredulidad, era estación de oscuridad, era primavera de esperanza, era invierno de desesperanza, teníamos todo ante nosotros, nada teníamos frente a nosotros». En El Crack Up, Scott Fitzgerald habla, entre otras cosas, de cómo se recuperó después de una profunda depresión. Una persona que formó, de algún modo, parte de su vida y cuyo nombre era Job le dijo en su día: «¡Escucha! El mundo sólo existe a tus ojos… La idea que tienes de él. Puedes hacer que sea tan grande o tan pequeño como quieras». Cojamos las primeras opciones de Dickens y de Job.

 

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El poder http://www.encontraportada.com/2012/04/el-poder/ http://www.encontraportada.com/2012/04/el-poder/#comments Mon, 30 Apr 2012 12:11:58 +0000 Héctor Juanatey http://www.encontraportada.com/?p=3122 Escribe Luc Sante en Mata a tus ídolos: «Solo queríamos que el poder desapareciera, y a veces parecía que ya lo había hecho». La frase bien se puede aplicar al presente, y a nuestro pasado más reciente, entendiéndola como que buscamos que desaparezca el abuso de poder, del poder en su primera acepción: «Dominio, imperio, facultad y jurisdicción que alguien tiene para mandar o ejecutar algo». Al igual que Bogart fue a Casablanca en busca de agua, nosotros vinimos aquí en busca de trabajo y con la esperanza del bienestar; alguien nos había informado mal. Nos juntamos de forma pacífica en las plazas, hicimos lo que siempre nos habían enseñado: levantar la mano para hablar y un año después, nadie escucha. Esto es «un sindiós», escribe Juan José Millás. Un sindiós en el que hay muchas personas que se han erigido como dioses. Nos toca creernos héroes… Solo queremos que el abuso de poder desaparezca, y a veces parece que no habrá forma de que termine.

 

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Reírse de uno mismo (I) http://www.encontraportada.com/2012/04/reirse-de-uno-mismo-i/ http://www.encontraportada.com/2012/04/reirse-de-uno-mismo-i/#comments Thu, 26 Apr 2012 21:37:11 +0000 Héctor Juanatey http://www.encontraportada.com/?p=3090 Esta tarde he tenido la suerte de pasar un rato con Fernando Rapa, uno de los codirectores de la Revista Mongolia, y entre otras cosas, me ha recordado algo que en estos tiempos en los que las bolsas se desmoronan solemos olvidar: “Qué importante es saber reírse de uno mismo”, me dijo. Yo en ese instante recordé un texto que escribí no hace mucho en el que intentaba reunir aspectos vergonzosos de mi vida. Por tonto o por si acaso, hasta hoy no me he decidido a publicarlos, pero qué demonios, lo importante es saber reírse de uno mismo:

Estos días se habla mucho de fútbol. Yo jugué al fútbol en un equipo hace muchos años. Duré en sus filas apenas unos meses. Mi retirada estuvo motivada más que nada por el hecho de que no disfrutaba en absoluto, pero el caso es que también era un paquete. Uno de esos paquetes de libro que no levantaba el balón del suelo. De mi etapa de futbolista de tres al cuarto recuerdo sobre todo un momento. Era un día cualquiera por la noche y nos tocaba entrenar el disparo a portería. La cosa consistía en que el entrenador nos pasaba el balón y teníamos que chutar desde fuera del área, y resulta que ahí todos pegaban zambombazos y a mí jamás supe por qué pero todos los tiros se me iban rasos, o lo que es peor, dando pequeños saltos antes siquiera de acercarse al portero. Sea como fuere, al quinto disparo y viendo el entrenador que mis golpes no mejoraban, me llevó a un lado y me puso a disparar de cara a un muro. Y ahí estuve un buen rato, chutando sin descanso, que si no estuve días con el empeine en carne viva era porque otra cosa no, pero unas buenas botas sí tenía. Y total para qué. Yéndonos ya a los partidos en sí, probablemente habré jugado unos quince minutos en total, los cinco últimos de tres enfrentamientos diferentes. Incluso hice un viaje en bus con el equipo. Nos fuimos a un pueblo con playa que tenía el único campo de hierba de la liga. Imagínense, todos los chavales esperaban entusiasmados la llegada de ese domingo. No me voy a demorar más en esto: una vez todos dentro del vestuario, el entrenador, empujado quizás por mis chutes rasos, me comentó que no había sido convocado.

Y qué mejor que terminar la historia hablando del último partido de la competición. Último encuentro, el entrenador tuvo un gesto y los que conocíamos de sobra la madera que hacía de banquillo salimos a jugar la segunda parte. Toqué dos veces la pelota: la primera un simple pase a un compañero, al que por cierto metí en un buen lío; la segunda, la oportunidad de resarcirme, de demostrar a los demás que mis disparos habían progresado. Tras un saque de esquina y un poco de barullo en el área contraria, me vi pegado al poste de la portería, solo, con el balón delante de mis pies. Pensé en todos esos tiros contra el muro, en todos esos minutos sin jugar, pero sobre todo me imaginaba esa palmera que el entrenador regalaba a quien metiese un gol. Levanté la pierna derecha con cuidado, sabía que ese sería mi último partido, bajé poco a poco la pierna, la retirada deseada por cualquiera. Vamos, que sin saber cómo le di con el exterior al balón, que se fue de bruces con el poste y hasta lo hizo sonriendo. Lo dicho, un paquete. Por cierto, ese día, por ser el último encuentro de la liga, el entrenador trajo palmeras para todos. La mía supo a poste y a disparo con el exterior.

 

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Twitter vs. Periodismo http://www.encontraportada.com/2012/04/twitter-vs-periodismo/ http://www.encontraportada.com/2012/04/twitter-vs-periodismo/#comments Tue, 24 Apr 2012 19:43:38 +0000 Héctor Juanatey http://www.encontraportada.com/?p=3055 Esto es de locos. Resulta que ahora para ser periodista, serlo trabajando quiero decir, hay que tener una buena colección de followers. La contratación se desmorona y por ahí se ha comentado que en el futuro se fichará a la gente según el número de seguidores que se tenga en Twitter, para luego publicarse un reportaje sobre la compra de followers. Los periodistas, muchos, la mayoría, y vaya atrevimiento el incluirse, estamos sin curro, que es una cosa que consiste en acostarse tarde, levantarse tarde y beber temprano. Yo con estas últimas noticias ya me veo saliendo al contrabando de seguidores, un rollo tipo ley seca pero sin alcohol. O no. Qué cosa esto de Twitter. Hasta hace nada, a mí el único follow que me sonaba era el de aquella canción que bailaba como un idiota en romerías. Y no me digas que ahora conseguiría trabajo con eso del left, right, sígueme, sígueme. Twitter no está mal, para leer titulares no está mal, pero por favor pincha en el enlace, que si el periodismo se ha quedado reducido a 140 caracteres algo no marcha como debería. Con esto de que el trabajo es casi un privilegio, uno cuando curra está más inseguro que cuando liga por la noche. Y si nos creemos que el tuitear es la mejor tarjeta de visita, acabaremos por fusilar la profesión. Ya pasa que empieza a importar más el quién informa que el de qué se informa. No debería olvidársenos que lo que debemos potenciar es el tema sobre el que escribimos y no el nombre que ponemos después del arroba.

 

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Decálogo de ineficiencia amorosa (I) http://www.encontraportada.com/2012/04/decalogo-de-ineficiencia-amorosa-i/ http://www.encontraportada.com/2012/04/decalogo-de-ineficiencia-amorosa-i/#comments Tue, 17 Apr 2012 20:39:03 +0000 Héctor Juanatey http://www.encontraportada.com/?p=3011 Desde el principio tuve las ideas claras, o así pensaba. No es lo mismo tener pesadillas que sueños de mierda. Las primeras te despiertan del susto, te hacen sudar pero ya está. Te despiertas, descubres que no hay monstruos debajo de la cama, que lo que hay en la silla es ropa, solo es ropa, y que nadie te vigila desde la mirilla de la puerta. Las pesadillas son así, pesadillas y ya está, no como los sueños de mierda. Los sueños de mierda son diferentes. Los sueños de mierda tienen ese fatídico efecto de parecer pura realidad, hay quien se pone fino y lo llama realismo mágico pero onírico. Yo no sé lo qué es aunque el otro día tuve un sueño de esos. De esos sueños en los que lo que uno quiere es despertar pero evita hacerlo por saber cómo terminan, no vaya a ser que pasen de verdad. Y en ese sueño estabas tú claro, y también estaba él. Estabas tú y estaba él, cómo no, porque él siempre tenía que estar. Por estar, estaba hasta en tu Rolex, ese que nunca me gustó, y estaba en las pulseras de tus festivales, esas que ya dejaban ver y bastante el paso del tiempo sobre ellas. Estar estaba en todo, incluso en mis sueños de mierda. Estaba tanto que yo dejé de estar. Estabas tú y estaba él, porque él siempre estaba ahí. Estaba en las llaves de tu piso, que era nuestro piso pero antes lo fue vuestro, siempre lo fue, porque él estaba en el color de las paredes, que a mí no me convencían, y estaba en la elección de los sofás y estaba en esa terrible y equivocada decisión de haber eliminado aquella pared de la cocina. Y sí, estaba en nuestra cama, porque antes había sido vuestra, y estaba en el colchón y en ese despertador de sonido insoportable. Y estaba también en las canciones que, supongo, aún hoy desafinas en la ducha, y estaba en el champú de pelo liso y en tus insistencias de que el mío es graso. Tú estabas, él estaba, el que parece que no nunca estaba era yo. Porque él estaba hasta en los cajones de mi ropa y en esa camisa olvidada que a mí no me servía porque lo siento, no tienes sus hombros. En mi último sueño de mierda estabas tú y, claro, tenía que estar él, porque él siempre estaba ahí. Pero no importa, no importa porque estaba tanto que yo ya dejé de estar.

 

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